estadisticas

miércoles, 16 de junio de 2010

EL TEMPLO DEL ESPIRITU




(mi experiencia con el aquagym)


Los antiguos griegos consideraban al cuerpo como una cosa importantísima, algo para cultivar como objeto bello pero además y, sobre todas las cosas, como templo donde se alojaba el propio espíritu y por lo tanto, merecedor de nuestro mayor respeto y cuidado. Enterarme de esas creencias y teorías fue lo que me catapultó a recapacitar y a darme cuenta, después de una brevísima reflexión, que yo no estaba haciendo nada por ese pequeño tronco coronado por una cabeza y adornado por los cuatro costados con sendos miembros. No sólo tenía que embellecerlo, lo que era una tarea ciclópea (ya que hablamos de griegos), sino que ahora quería convertirlo en un mimbre elástico y flexible lleno de plasticidad porque me estaba quedando dura como una piedra y no sólo me estaba costando entrar y salir de los autos sino hasta bajar el cordón de la vereda.
Había llegado el momento de dedicarle tiempo a mi físico ya que a mi espíritu se lo vengo regalando hace mucho con resultados diversos, algunas veces flojitos, otras mejores. Los gimnasios de Buenos Aires esperaban atentos mi elección. No fue fácil. Odio la gimnasia. Odio moverme, contactarme con mi cuerpo y no le encuentro sentido a tanto salto y a tanta repetición, no tolero ese “yyyy…ocho más” de las profesoras enfundadas en calzas y musculosas que les quedan perfectas, con las panzas como mármoles y esas colas de caballo tirantes que hablan, a mí que no me digan que no, de alguna “tensión” en la personalidad, de alguna histeria guardadita. Tampoco me atrae el yoga y todos sus maestros, instructores o como se llamen que te hacen parar cabeza abajo el primer día sin avisarte que tenés que apoyarte en los antebrazos y no en la cabeza como hice yo destrozándome las cervicales. O los compañeros de esas clases, a quienes les encanta contar boludeces personales entre asana y asana, como si fuera una terapia de grupo.
Ni hablemos de salir a correr y dejar los bofes siempre bajo el sol ardiente, la lluvia o la peor de las nevadas dando vueltas como una perinola loca al borde de una plaza o de un lago hasta que se te endurezcan las piernas, se te rejuvenezca el corazón pero se te destrocen las rótulas y la cintura o te tengan que operar de un prolapso. Imposible considerar ninguna disciplina agresiva ni marcial ni nada de golpes certeros como el tae-bo o cosas coreográficas como el tai chi. Descartadas totalmente las danzas de cualquier tipo (desde la salsa, al tango pasando por el merengue, los cinco ritmos y la butoh) porque no tengo gracia ni coordino dos movimientos seguidos que impliquen piernas y brazos.
Quizá una cosa que tenga que ver con el agua, pensé. Pero nada de saltos ornamentales o carreras porque no soy nada competitiva. Quizá natación o una gimnasia acuática suave no estaría mal, algo que no me cansara mucho (¿para qué cansarse a propósito? nunca lo entendí…) algo para ancianos. Siempre teniendo cuidado con el cloro que me puede dejar el pelo medio verde y los ojos a la miseria. Y, desde luego, que me quedara cerca .
Un volante en el diario del domingo respondió todas mis dudas mientras desayunaba: “BURBUJITAS. Pileta Climatizada. Actividades para niños, adultos y mayores. Matronatación. Complemento de gimnasio. Abonos mensuales. Descuentos a jubilados y pensionados”….y una dirección a cinco cuadras de mi casa. No tenía ninguna excusa para no intentarlo. Me levanté de la silla pensando en un traje de baño entero, negro, eterno que me parecía tener sepultado en una caja. Después hurgué entre la ropa de verano guardada y encontré unas ojotas: la mitad de mi “equipo” estaba listo. Sólo me faltaba la gorra y como quise hacer todo rápido antes de desanimarme y desistir me vestí y, sin pensarlo, me fui a un shopping a comprármela, tan temprano que tuve que esperar que abriese. Como las de goma te arrancan el pelo, según me habían dicho, elegí una de lycra esperando que los piojos que dejasen los niños flotando no traspasaran ese tejido. Armé una mochilita con todos mis elementos y el lunes, un rato antes del horario indicado en el folleto, estaba pagando mi inscripción y mi primera cuota.
El vestuario era diminuto, pintado de rosa y con los roperitos metálicos lila.
Muy pocos cerraban, y de esos tenían las llaves unas señoras mayores que resultaron mis compañeras de clase. Por suerte yo no había llevado nada más que las llaves de casa así que no me importó dejar todo abierto. Me puse el traje de baño que, descubrí en ese momento (no había querido probármelo antes), estaba todo estirado, las ojotas porque me daba un poco de asco ese piso húmedo y finalmente me coroné con la gorrita negra (a tono con el traje de baño) y hecha un demonio abrí tímidamente la puerta que daba a la pileta donde me recibió un impresionante vaho a cloro y, a lo lejos, un montón de gente de la tercera edad que flotaba como boyas en la parte honda. No quise “tratar de superarlo” preferí, y decidí “no pensar en nada” y seguir adelante como un robot. Saludé y me introduje en esa agua que no estaba todo lo caliente que esperaba. Al poco rato apareció la profesora (uñas de los pies altenando naranja y fucsia) que, desde el borde, llena de entusiasmo, empezó con una serie de ejercicios aeróbicos agotadores y dificilísimos que yo no podía reproducir y menos coordinar mientras que mis compañeras , y compañeros, porque había dos señores de los cuales a uno odié inmediatamente porque no hablaba, ponía una sonrisa de placer casi morboso mientras entrecerraba los ojos y movía la cabeza todo el tiempo para los costados como los perritos de los taxis, los hacían a la perfección y sin cansarse nunca.
A mitad de la clase, cuando yo no veía la hora de terminar y de comerme al menos una calabresa con ajo, vi que todos miraban hacia la puerta y saludaban. Era la inmensa Betty, que llegaba con su bastón, caminando despacito por el borde y, haciendo un movimiento que debía tener muy bien calculado, arrojaba el bastón y se dejaba caer al agua como una pera madura para resurgir entre las aguas como una foca sonriente justo para participar en la repartija de pelotas y otros elementos que la profesora sacaba de unos canastos de plástico y nos tiraba para seguir torturándonos hasta el final.
Cuando faltaron cinco minutos para terminar, empezó el estiramiento y el relax y ahí aproveché yo para escaparme (siempre me ha costado muchísimo pasar de golpe de la acción desenfrenada al relax) al vestuario y de paso no tener que compartir ese lugar minúsculo con todas esas mujeres que ocupaban tanto espacio y que hablaban entre ellas de tantas enfermedades y dolores. Me vestí como pude y con el pelo mojado y como un nido de caranchos, caminé hasta mi casa, hambrienta y agotada, como si llevara un piano de cola sobre la espalda.

5 comentarios:

  1. volviste a la próxima clase???
    jajaja me encanto!!!
    besitos de hada!!!
    =)

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  2. por supuesto! Después las invito al Acto de Fin de Año donde hacemos la demostración de nuestros progresos...

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  3. Sobre gustos... já!
    A mí me gusta mucho moverme, y sentir que la transpiración corre por mi espalda mientras corro, es una sensación satisfactoria. Bueno, para quienes les gusta. Ponerte metas, intentar cumplir tiempos o distancias, superarte, eso es algo que también llena el espíritu, y moviendo el cuerpo. En fin. En cuanto a deportes y actividad física, soy bastante movediza.
    Pero cada uno con lo que le gusta y lo llena.
    Un abrazo, señora escritora!

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  4. me gusta mucho lo que escribís, me identifico y me causa gracia, será que lo he pensado alguna vez. Realmente muy real lo que dejás escrito. Gracias por publicar lo que sentis. Gloria

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  5. Hola! me gusta tu ritmo sin pausa para contar una experiencia cotidiana!...pero.... en este post en especial, me asombra mucho que hayas vuelto a la siguiente clase!!!...es q a mi me transmitiste que la pasaste muy mal! jajaja...
    ( o fue una ironía y no me di cuenta? )
    perdón, son vicios de curiosa, de docente de prácticas para el cuerpo y movimiento, y vicio de conocer cómo se siente la gente al encontrarse con una práctica nueva!!!( me refiero a una clase que involucra el cuerpo! )

    me gustó tu espacio.

    un saludo y gracias por compartir tus horas

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