Por suerte consiguió un asiento en el subte y se desplomó exhausta. Cerró los ojos y sólo los volvió a abrir por una frenada brusca. Miró a su alrededor y toda la gente le pareció fea. Pensó en los modelos de los avisos de la tele y hasta en los que aparecían en los afiches pegados en las paredes del vagón y los comparó con los demás pasajeros. Un abismo. Zapatos sin lustrar, puños gastados, manchas. Mientras subía la escalera recordó las revistas que había estado mirando en la peluquería: las de viajes la habían sumido en ensoñaciones que creyó posibles hasta que levantó la cabeza y vio la calle Cabildo con las veredas sucias y los edificios sin gracia, de ventanas chicas y balcones mezquinos. Las de decoración la habían paseado por departamentos, casas y lofts exóticos, llenos de refinamiento. Abrir la puerta de su propia casa le supondría enfrentarse con una realidad de muebles adocenados, adornos de Easy, cortinas pre-hechas. Se asombró al descubrir ese desencuentro perpetuo entre realidad y fantasía al que nunca le había prestado atención. Necesitaba algún episodio parecido para confirmar su teoría y no tardó demasiado en encontrarlo: recordó las imágenes del catálogo de peinados donde había buscado un nuevo corte que se adaptara a lo que ella quería: fotos extraordinarias de mujeres jóvenes, frescas, sexies, impecables, perfectas, que la ilusionaron hasta que levantó la cabeza, se miró al espejo y vio una vieja.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
CORTELIS// "Desencuentros"
Por suerte consiguió un asiento en el subte y se desplomó exhausta. Cerró los ojos y sólo los volvió a abrir por una frenada brusca. Miró a su alrededor y toda la gente le pareció fea. Pensó en los modelos de los avisos de la tele y hasta en los que aparecían en los afiches pegados en las paredes del vagón y los comparó con los demás pasajeros. Un abismo. Zapatos sin lustrar, puños gastados, manchas. Mientras subía la escalera recordó las revistas que había estado mirando en la peluquería: las de viajes la habían sumido en ensoñaciones que creyó posibles hasta que levantó la cabeza y vio la calle Cabildo con las veredas sucias y los edificios sin gracia, de ventanas chicas y balcones mezquinos. Las de decoración la habían paseado por departamentos, casas y lofts exóticos, llenos de refinamiento. Abrir la puerta de su propia casa le supondría enfrentarse con una realidad de muebles adocenados, adornos de Easy, cortinas pre-hechas. Se asombró al descubrir ese desencuentro perpetuo entre realidad y fantasía al que nunca le había prestado atención. Necesitaba algún episodio parecido para confirmar su teoría y no tardó demasiado en encontrarlo: recordó las imágenes del catálogo de peinados donde había buscado un nuevo corte que se adaptara a lo que ella quería: fotos extraordinarias de mujeres jóvenes, frescas, sexies, impecables, perfectas, que la ilusionaron hasta que levantó la cabeza, se miró al espejo y vio una vieja.
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Creo que está por inventar el espejo con photoshop incorporado.
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