estadisticas

martes, 5 de octubre de 2010

CORTELIS // "Naturaleza Go Home (¡Ojo al piojo!)"





Ya arranco mal. Lo se. Ir en contra de la naturaleza justo ahora, en estas épocas tan “Greenpeace” es casi una inmolación pública. Pero no puedo mentirles acerca de lo que me pasa por la cabeza. Tan luego a ustedes, que saben de mi intolerancia y de mi mal humor pero también de mi sinceridad. No es que no me guste la naturaleza. Me gusta mirar algunas de sus manifestaciones y hasta extasiarme con ellas pero, confieso, estar ahí expuesta al aire libre mucho tiempo, me da un poquito de “cosa”. Quizá sea porque me crié en el campo, en una zona en donde el viento no paraba en meses, el frío se metía por todas partes, la lluvia traía barro y encierro para mí, que era una niña con gustos ciudadanos y callejeros y la compañía de las mulitas y las vizcachas nunca me resultó suficiente. Fue así como desarrollé esa costumbre que aún hoy conservo, de hablar sola. Ahora se nota menos porque escribo sola, y eso parece más “cool”.
Como mujer de puertas adentro, miro bastante televisión y, curiosamente, programas de animales y del canal Nat Geo en donde descubro las más terribles crueldades a las que la Madre Naturaleza somete a algunos de sus hijos ante los ojos imperturbables de los fotógrafos y camarógrafos, otros de sus hijos, más perversos aún, atrocidades de todo tipo como ser tragados y enteros vivos por víboras de digestiones eternas, despedazados por cocodrilos mientras se acercan despreocupados a tomar agua a un charco, o acechados por leones o tigres para devorarles las crías indefensas.
No contenta con eso, la naturaleza se ensaña con pueblos enteros condenándolos a la sequía o a la inundación (y no ahora, desde hace cientos de años, antes de que supiéramos nada del efecto invernadero, del calentamiento global o de las corrientes del Niño o de la Niña), la erupción de volcanes o los desprendimientos de tierra y los aludes. Me parece que confundimos la belleza que muestra de mil maneras con bondad y así, le adjudicamos características humanas como ser “buena”. Buena para unos y mala para otros. La Naturaleza no es buena ni mala: es salvaje, impiadosa,cruel, impredecible. Es la Naturaleza y punto.
Bueno, “punto” no. “Punto”, nada, porque a mí la verdad es que me está pareciendo una porquería que además se la agarra justo con el género humano como una ingrata de mierda. Nos usa para reproducirnos, para que le demos nuestras fabulosas crías (al fin y al cabo nosotras las consideramos maravillosas, sean lo que sean) le llenemos el planeta de bobos que no hacen más que descuidarlo y cuando ya no podemos darle más ¿cómo nos premia?, poniéndonos gordas, feas, arrugadas, casi inexistentes para los ojos de cualquier macho de la especie que aún quiera seguir regalándole bobitos.
No hay derecho. Empieza a dolernos todo, oímos mal, vemos peor, tenemos frío, tenemos calor, nos cansamos, nos tenemos que levantar toda la noche para hacer pis, nos desvelamos,…¿esa es la perfección de la Naturaleza? Para mí que hizo varias pruebas y pertenecemos a las primeras, a las que salieron falladas, seremos los “made in china” del universo. Los que duran poco o se rompen de nada. Ellos pierden el pelo, se olvidan de lo que les decimos – creo que eso no pertenece a las características que podemos llamar “nuevas” - y sus manos, antes ocupadas en otros menesteres, hoy lo único que sostienen con devoción es el teléfono o control remoto que sólo podemos retirarles suavemente cuando nos hayan sobresaltado con un ronquido como el del león de la Metro, nunca antes.
¡Y yo que creía que estaba llena de energía!... y que ahora, que ya cumplí con casi todas las tareas que me fueron encomendadas por mis genes y mis ancestros, podría disfrutar sin culpas de una vida excitante y llena de aventuras, me doy cuenta de que las cosas excitantes me dan palpitaciones, las aventuras me agotan y empiezo a considerar que cruzar de un saque la 9 de Julio es una epopeya digna del Nat Geo aunque no haya ni un solo mandril a la vista ni me estén filmando desde la copa de un baobab.Recordémoslo: La Naturaleza es una constante fuente de peligros donde hay que estar siempre atento. Hasta el más insignificante de sus hijos entraña algún riesgo oculto o latente. Hasta un simple piojo diría yo…quizá de allí la sabia advertencia del "¡Ojo al Piojo!" dicho que uno suele tomar, desaprensivamente, tan a la ligera.

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