
Para las que crecimos leyendo historias de princesas solitarias, príncipes azules y castillos embrujados la aparición de la revista ¡HOLA! Argentina ha sido como un mazazo en medio del cráneo y una patada en el alma. En realidad no se para otras, hablo por mí. Y me alcanza. Estoy desolada. Esas letras blancas sobre fondo rojo eran garantía de poner en marcha mi veta soñadora, de reavivar relatos de aventuras de desconocidos, de gente a la que nunca conoceré ni de lejos. Me pregunté porqué las noticias de la nuestra no me atraían para nada, qué tenía la versión española que la diferenciase tanto. Quizá el motivo de esa falta de glamour sea que ni acá, en Argentina, ni siquiera en América haya casas reales, ni nobleza. Nosotros nunca hemos visto un noble, ni nos cambia la vida, claro, pero justamente por eso potencia la fantasía.
Tinelli, Forlán y Zaira Nara,las catorce páginas dedicadas a Juana Viale, Dolores Fonzi y Leo Sbaraglia que chocó en Palermo y sale sonriente al lado de su auto no me interesan. Ya los conozco, los veo en Caras, los veo en la tele y en todas las revistas de los bares y hasta me los puedo encontrar por la calle. Tampoco me alcanza con la nota a Joan Collins que, por su edad, todos dábamos por muerta y aparece con un novio treinta y dos años menor, ni Banderas y Melanie en su almibarado y eterno romance del salvador hispano a la frágil pero buena yanki. Ni siquiera me detengo en Brad y Angelina hamacando a sus numerosos hijos en un parque como si fuera una hazaña épica (la hazaña épica la van a vivir en unos años, cuando todos sean adolescentes)
Yo quiero saber acerca de la modelo rusa de veinte años que sale con el José Antonio,de cincuenta y ocho, el hijo play boy de los marqueses de Fuentepelayo, una de las mayores fortunas de España, que, en una nota titulada “ Días de amor y complicidad”, confiesa a la prensa “Mis padres se llevaban muchos años e hicieron una familia muy bonita. Le he presentado a mi madre a la Marquesa y lo han pasado fenomenal.” Para luego aclarar, por si hiciera falta, que a su edad ella es una jóven muy seria que sabe lo que quiere "Siempre he estado muy segura de mí y cuando he tenido que dar un paso en mi vida lo he dado con valentía”.
Quiero ver a los hijos de los reyes de Medio Oriente esquiando con sus madres vestidas por Valentino, quiero olvidarme de todo sumergida en el concurso de “La más elegante”. No conozco a esa gente. Mejor. No me importan nada, cuanto más lejanos, mejor. Quiero ver cosas que acá no haya. Rejoneadores enamorados y toreros que me muestren sus casas de campo en esos pueblo de nombres rarísmos, con títulos como “ El diestro Paquito Valleconde nos muestra su finca de Castromocho de Campos” y se ve una casa preciosa, decorada con capotes llenos de lentejuelas encima de todos los muebles, cuadros espantosos del dueño de casa, y el propio Paquito , con su loden verde, posando en el jardín con sus dos perros de caza.
Quiero ver gente que bautice a sus hijos en el Vaticano aunque estén todos divorciados. Quiero ver gente que, sobre todo, no tenga nada que hacer.
Leer notas de mujeres que para reflejar toda la felicidad que les provoca su casamiento digan frases como: “Llevo un año pensando en las flores que pondré en la iglesia el día de la boda”
Quiero ver al marido de la condesa de Encinares Nebrija preparar un globo aerostático para remontar la base del Anapurna ante la azorada mirada de sus suegros que han ido a saludarlo y pagan la expedición.
Quiero ver a Máxima y a Rania, a Carolina, y a Estefanía de cuando en cuando, y a las Infantas y ver lo que se ponen y a dónde van. Es todo tan lejano que por eso me atrapa. No me interesa, me ayuda a evadirme de lo cotidiano. Y creo que esa es justamente lo que yo llamaría “la función social” de ¡Hola!. Es como leer una novela de Danielle Steel pero mejor, porque tiene fotos.
Quiero reirme de esos señoritos que juran haber encontrado el amor de sus vidas en un terrible gato en un número de la revista y ocho números más tarde anuncien tragicamente “Lo nuestro se ha acabado” en un reportaje de diez páginas en el que, aunque destrozado por la ruptura, se cambia de ropa cuatro veces. Quiero leer romances con finales anunciados:“Conchita Espert y Abascal muestra la preciosa casa estilo polinesio que la ha regalado un príncipe marroquí ” y vemos Conchita en puntas de pie sonriente con bata blanca de toalla y un hombro al aire, al borde de una pileta rodeada de faroles y tinajas de la mano un gordo, también de bata, lleno de cadenas de oro con un epígrafe que dice “Soy una mujer muy tranquila, amo el hogar y no veo el momento en que podamos casarnos y formar una familia. Se que esta vez va a ser definitivo porque he encontrado en Ahmed al hombre de mi vida”.Tres números más tarde se ve a Conchita detenida por la Guardia Civil por haber estrellado el coche volviendo de una disco con unas amigas con un pedo tísico y en un estado lamentable. “Me han fallado los frenos” dice la modelo.” Y eso que era un coche nuevo”. Y todos le creemos…. Menos Ahmed, claro.
Por eso, aunque peluquerías, quioscos y bares estén atestados de HOLA Argentina voy a evitarala a toda costa y a seguir buscando con la mirada atenta esa perla española, más cara y más difícil de encontrar que me proponga salir por un rato de mi vida cotidiana y viajar a un mundo donde pueda ver varias fotos de un niño revolcándose como un energúmeno antes de entrar al colegio mientras su madre disimula las ganas de estamparlo contra la vereda y leer el título de la nota: “Simpático capricho del Príncipe Claus de Bulgaria en su primer dia de clases”


Comparto su deseo señora; las estrellas menores de nuestro firmamento mediático que inundan las pantallas y los anaqueles del kiosco me tienen las de fraile llenas... Yo también quiero leer la Hola gallega, donde al menos la gente tiene má o menos el derecho que dan los siglos de millones acumulados para hacer lo que se le canta...
ResponderSuprimirSaludos
Me encantó tu crítica a la revista Hola. Yo fui a la presentación y explicaron que sería glamorosa. Por lo que contás, está lejos de serla. Una lástima que sea tan parecida a las Caras y Gente de acá...
ResponderSuprimirSi no te interesa pues vale, pero te apuesto a que se terminará haciendo un sitio, ya dará con la tecla.
ResponderSuprimirLa verdad es que la aristocracia de aqui es asi aburrida, con mas apariencias y títulos que pasta, pero los ricachones de por ahí no tienen glamour pero sus cuentas corrientes ...
Cuando estuve en uno de los mejores hoteles en playa del carmen, leí esa revista allí. La verdad me pareció buenísima!!! No la leí todavía acá, pero buen, sera cuestión de probar y ver que pasa!!
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