estadisticas

martes, 2 de noviembre de 2010

"Top Level"



Edith Amanda Suárez no había tenido una vida amorosa muy agitada, aunque sí podía dar cuenta de dos parejas estables a lo largo de sus casi cincuenta años: Darío, su novio de juventud y Marcial Danelli, un abogado del departamento de Legales de la misma empresa en la que ella trabajaba en el sector de Pago a Proveedores. Entonces ella tenía cuarenta años y atravesaba una etapa en la que se cuidaba mucho; estaba flaca,con el pelo impecable , iba al gimnasio y a yoga y hasta se había convertido en una de las primeras porteñas, después de Susana Giménez, en usar uñas esculpidas llegando a la extravagancia de incrustarse un microscópico corazón de strass en la del meñique. De todas maneras, algún problema se interpuso entre ella, Danelli, sus uñas y sus clases de yoga porque el abogado de un día para el otro renunció a la empresa, la dejó sola y desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra ( aunque en realidad la que se lo había tragado era una jovencita formoseña con aspiraciones de actriz con un pequeño papel en la televisión como una de las Viuditas de Titanes en el Ring)
Edith superó como pudo el abandono pero nunca al punto de sacar de su billetera rosa nacarada la foto del Dr. Danelli, cosa que debió haber hecho de entrada con semejante hjo de puta… Se descuidó, se dejó estar,engordó cerca de diez kilos , se cortó el pelo para estar cómoda y abandonó sus costosos tratamientos de uñas. Dejó de salir y se dedicó a enamorarse de personajes inaccesibles como Chayanne y Ricardo Montaner a pesar de que su horóscopo era clarísimo en las advertencias: “formen pareja con alguien de carne y hueso ”.
Sólo un verano creyó haber encontrado a un alma gemela en una confitería del microcentro, en la Buenos Aires desierta e hirviente de la primera quincena de enero. Un telemarketer con quien salió un par de veces y con quien pudo consumar “algunos rounds de amor con la tele encendida” sin otras consecuencias que alguna mancha de pizza en las sábanas y una prolongada cistitis resistente a varios antibióticos.
Pero la tarde del 19 de marzo de ese mismo año recibió la noticia que la hizo creer que el mundo iba a derrumbarse: la invitacióna la fiesta de quince de Fernandita Cereijo , hija de su compañera de trabajo y amiga y a la cual, lo sabía perfectamente, estaba invitado Danelli que, para mayor humillación, iría con su pareja fuera cual fuera.
- Yo sola no voy – pensó alterada – No voy a darle ese gusto a ese conchudo de mierda. Y enseguida repasó mentalmente la lista de conocidos y amigos que pudieran ser sus acompañantes. No le servía ninguno.
- Voy a probar con Internet – se dijo y con mucha cautela consultó con un par de chicas de su sector y hasta con Melisa Brofman, de Cuentas a Pagar que era asidua – y exitosa - visitante de páginas para Solos y Solas.
Un poco de navegación y dos o tres salidas breves le alcanzaron para deprimirse y descartar las posibilidades ofrecidas por ese universo vastísimo en el que aperecían, llenas de errores de ortografía, frases ridículas como “busco personita” , seudónimos de viejos pelotudos como “Piratita, alma madura y corazón jóven” o intereses que sonaban a asesino serial y le hacían temer por su vida como “practico artes marciales”.
Pero la necesidad apremiante de hacer un buen papel esa noche no la dejaba tranquila y continuó su búsqueda. Sólo pensaba en encontrar alguien que la acompañase esa noche, alguien con quien demostrarle a Danelli lo bien que podía estar sin él. No tenía porqué ser un Adonis. Tenía que ser un hombre normal, que no llamara demasiado la atención. Un candidato creíble.
Mozos de bares, encargados de edificios, técnicos de Cablevisión, cajeros de bancos, todos – todos menos los taxistas a quienes sólo se les ve la nuca y esas fotos espantosas que aparecen en las licencias - eran imaginados a su lado, vestidos de etiqueta devorando canapés y calentitos y riendo como lo hace la gente de las propagandas de los casinos y de los cruceros.
La solución de su problema vino de dónde menos lo esperaba: una pilita de volantes miserables apoyada en el mostrador de un maxiquiosco de la calle Florida dónde ella compraba su almuerzo: “ Top Level. Acompañantes masc/fem. Excelente nivel. Discreción”. Edith apoyó disimuladamente la pascualina sobre los volantes asegurándose, antes de pagar, de llevarse uno, bien pegadito a la bandeja de plástico.
La agencia Top Level estaba situada en el 1° piso, depto. 43 de un edificio de oficinas a pocas cuadras. Ese día ya no tenía tiempo, pero a la mañana siguiente iría, previa cita telefónica, como lo indicaba el volante.
- No vayas sola- le dijo Celia, una de sus compañeras de trabajo. – ¿Qué sabés qué es eso? Yo voy con vos, y de paso te ayudo a elegir.
Antes de ir a la oficina Edith y Celia se encontraron en la puerta del edificio para entrar juntas. Top Level tenía el mismo encanto que una remisería. Un solo ambiente con la kitchinette abierta llena de frascos de azúcar, café Dolca y yerba, cortinas de encaje sintético beige y dos escritorios distintos entre sí llenos de cables de las computadoras. Después de saludarlas la secretaria le preguntó algunas cosas de rutina como qué tipo de acompañante quería, a lo que Edith le respondió explicándole todo con lujo de detalles. La chica les mostró un álbum de fotos. Por empezar eran todos demasiado jóvenes y eso ya era un punto en contra. Pero mucho más punto en contra eran los peinados, los reflejos y el exceso de bronceador sin sol aplicado por los candidatos en caras, torsos y extremidades. Todos se parecían a Guido Süller. Edith sintió que su último recurso le fallaba y preguntó con la voz quebrada
– Pero…¿No tenés un “marido”?¿Un pelado?
- Yyyy…la verdad que no. Los chicos son todos más o menos así. Es lo que piden.
La secretaria era una chica amable, un poco tonta, que parecía tomarse su trabajo muy en serio y que, conociendo el caso, daba la impresión de querer ayudarla más allá de todo.Tenía una pollerita corta y calzas negras, tacos de charol y un buzo rosa con cierre relámpago y dos corazones y un perrito de pañolenci aplicados. Llevaba el pelo ondulado largo y suelto y tenía mitad de una ceja negra y la otra blanca.Celia le arrebató los albunes y se puso a mirarlos con detenimiento mientras Edith, abatida, tomaba el café que le habían servido.
- Mirá – le dijo - vos ya no tenés tiempo, si no querés ir sola llevate uno de estos y listo. Se quedan un rato, bailan un poco, muy importante: te sacás foto con Fernandita sola, sin él, para que no quede registro, y se van.
- Elijamos el que parezca más viejo- dijo Edith
- Son todos más o menos iguales.
- ¿ No será un papelón?
- Noooo, si nadie se da cuenta, están todos en otra: la nena, el vals,el cotillón…¿quién te va a mirar?
- ¿Cómo quién?¡Danelli! ¡Mirá si dice que me estoy comiendo un pendejo!
- ¿ Y a vos qué te importa?¡Qué diga lo que quiera! Ahora se usa…mirala a Cecilia Roth, a la Negra Vernacci…Demi Moore ¿Alguien les decía algo? Si al final son una ídolas…Que se joda Danelli.
- Bueno, está bien. Vamos con “Ariel”, ¡Dios mío!
La noche de la fiesta Edith se puso un vestido violeta y su chal de lentejuleas. Había hecho lo imposible por sentirse bien. También había hablado con Ariel como cuatro veces en la tarde para darle instrucciones de lo que tenía que hacer y decir y para recordarle que tenía terminantemente prohibido saludar a nadie por mucho que lo conociera y repetirle que se pusiera traje y corbata con zapatos: no se fuera a creer que para esa ocasión la zapatilla con traje pudiera darle un aire exótico¡ Cómo para exotismos estaba ella!
Había quedado en pasar a buscarlo en un taxi por la esquina de Córdoba y Jean Jaurés y de allí ir al salón que no quedaba muy lejos. En el taxi le acomodó un poco el pelito para darle un aire más serio y trató de sonreir.
Salvado el momento de los saludos, la fiesta empezó a desarrolarse con toda normalidad y Edith hasta se relajó un poco. Pero fue antes de pasar al comedor cuando llegó el momento tan temido: descubrió a Danelli caminando hacia ella por el salón de saco blanco y camisa lila, solo. Edith sintió una terrible tensión en el maxilar y apretó con fuerza la mano de Ariel proporcionándole la información necesaria para que, a partir de ese instante, se mostrara más afectuso.
Los invitados los empujaban tratando de llegar a las mesas y no pudieron evitar quedar frente a frente. Al sentir la compañía de Ariel que la tomaba por los hombros ella creyó que además de un gélido “¡Hola!” estaba en condiciones de agregar algo más,y vengativa al fin, le preguntó - ¿Viniste solo?
- No, con Mica, debe estar por ahí.
Dos segundos más tarde Mica aparecía sonriendo con un minivestido negro, el pelo largo ondulado y suelto. A Edith le pareció conocerla de algún lado. Quizá de la oficina, pensó justo cuando un haz de luz le dio en los ojos y puso en evidencia que la chica tenía una ceja mitad negra y mitad blanca.

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