La idea de las fiestas temáticas no tiene nada de novedoso . En realidad es más vieja que el hilo negro pero algo atractivo debe conservar para que no podamos desecharla por pasada de moda y sigamos reciclándola generación tras generación. Yo, lo he dicho muchas veces, no soy una gran adepta a las fiestas porque soy una mujer bastante amarga, pero de vez en cuando me entusiasmo con alguna. Esta vez no sólo llegué a eso, sino que la idea fue mía. Me imaginé una reunión de amigas en la que no nos reuniéramos a hablar de cualquier cosa (lo que finalmente iba a suceder de todas maneras) sino que tratáramos de tener un tema divertido para debatir y pudiéramos llegar preparadas para eso. El invierno es largo y hay que ponerle un poco de onda a las tardes de fin de semana ahora que ya no hay que llevar chicos al pelotero, ni arrastrarnos por el zoológico comiendonos esas galletitas asquerosas que ni ellos ni los monos quieren, ni esperarlos eternamente a que se decidan a salir de de una buena vez, sudorosos y desabrigados, de un cumpleaños infantil mientras hablamos con otras madres paradas en una especie de alfombra de chizitos pisoteados, papas fritas y Fanta. Ya somos mujeres libres - algunas más que otras - y merecemos nuestra fiesta temática para chicas. La mía sería un homenaje al amor, a las aventuras y al romance que tanto nos gustan y que tan lejos estaban para muchas. No pediría que me trajeran ni tortas ni budines ni merengues ni ninguna de esas cosas que a las mujeres nos gusta llevar a nuestras reuniones, llenando las cocinas de paquetitos de comida como si fuéramos a subir al Kon Tiki a dar la vuelta al mundo. Sólo importaba llegar pertrechada de la munición necesaria para animar el encuentro: una , dos o tres jugosas experiencias con el sexo opuesto (o con el propio, lo cual le daría indudablemente un giro inesperado a la tarde) Relatos de experiencias ya digeridas, en lo posible, no fuera caso de que todo terminase en una terapia de grupo (igual iba a serlo) o en un mar de lágrimas.
Me entusiasmé terriblemente con la idea, elegí a las invitadas con cuidado (debía haber solteras, casadas, divorciadas, juntadas, un buen muestrario) planifiqué la comida, y armé unas invitaciones que mandé por Internet para mi evento que, en un homenaje a nuestra juventud llamé
“Susy: secretos del corazón” y donde les explicaba el propósito de la reunión y les daba la consigna. En la puerta , una gigantografía del comic que alimentó nuestras fantasías románticas juveniles - y que me había costado como un 0KM – las recibiría confirmandoles que acababan de entrar al mundo que ni Corín Tellado ni Danielle Steel hubieran imaginado mejor. La decoración de la casa también estaba acorde (mi marido, antes de salir quedó azorado con los globos con forma de corazón y las guirnaldas también de corazones de papel metalizado alternados con páginas de la legendaria Susy con las que había decorado el living en un rapto de creatividad adolescente y después de una búsqueda minuciosa de ejemplares casi de colección en librerías de la calle Corrientes )
A las cinco de la tarde empezaron a llegar mis amigas. Noté que la convocartoria había sido atractiva porque para las seis y cuarto ya estaban todas sentadas alrredor de la mesa baja del living hablando como loros. De fondo, para entrar en tema, sonaba un CD de “lentos compilados”de los ´70/´80 que yo misma había sacado de You Tube.
El debate se abrió con un párrafo dedicado a proliferación de las agencias
on line para conseguir pareja y de cómo habían cambiado las cosas cuando ya a nadie le parecía una locura usarlas como un método válido y confesable ante la escasez de hombres.
- Las mujeres de las fotos son mucho mejor que los hombres – aseguró Celia que hacía tiempo había llegado a salir con un señor de la página
masqueamigos.com al que tuvo que descartar por ser muy avaro.
- ¿Porqué? ¿Ellos son muy impresentables? Preguntó Marcela
- Bueno, hay de todo…tenés que ponerte en la franja de edad que te corresponda…entonces, claro…hay algunas fotos que no entiendo cómo se animan a ponerlas…
- ¿ Cómo qué?
- y…como fotos en slip en la playa…¡ Hay que animarse al slip! ¡tenés que ser Gonzalo Heredia! Sino viejo, ponete la remerita…hay muchos que parece que les gusta salir medio desnudos y no da…
- ¿no da porqué?- Volvió a preguntar Marcela que a esta altura ya me estaba pareciendo un poco tonta
- No da porque si estás gordo, tenés tetas y un montón de pelos en el cuerpo, yo lo miro y pienso: “¿ hace falta?” o “ Gordi, ¿no tenés otra foto para poner?” ¿Vos lo elegirías, Marce?
- No. Yo no saldría jamás con gente de Internet- contestó lapidaria.
- …pero saliste con tu profesor de tenis y casi no lo conocías…
- Bueno, eso es otra cosa…y además terminó como el orto…no saben…un tipo de mierda.
- Perdoname pero era cantado- intervino Silvia
- Yo no me dí cuenta, sino no me hubiera expuesto a pasarla tan mal…es que nos quedamos charlando en la fiesta de Fin de Año que hicieron en el lugar de las canchas de tenis…hacía calor, era una noche divina…había buena música, bastante gente: los alumnos, los profesores…qué se yo. Yo bailé un rato con él y después me fui a tomar algo afuera con un grupo de conocidos y él me mandaba mensajitos románticos al teléfono…
- No quiero interrumpirte - volvió a la carga la terrenal Silvia – pero ¿estás segura de que eran “románticos”?
- No me jodas, para mí eran románticos. Si me equivoqué es otra cosa.Bueno, la cuestión es que…
En el living no volaba una mosca. No se oía una palabra, no se abría una botella ni se masticaba nada porque las bocas quedaban abiertas a medida que la tensión del relato aumentaba
- …SMS va , SMS viene, esa noche nos fuimos a casa y lo pasamos increíble…Yo estaba tan contenta! El se fue temprano al día siguiente porque tenía que dar clases. Yo le mandé un montón de mensajes pero no me contestó. Entonces medio me preocupé y le mandé mails pensando que por ahí el celular no le andaba…
- Eso no pasa más, querida- interrumpió Celia, la tecnológica del grupo.
- y en nuestra siguiente clase mandó a un reemplazante y en la próxima otro y chau! Desapareció …un hijo de puta! No saben lo que lloré!… Ahora, por ahí lo veo de lejos y me saluda con la mano pero nada más. Un sorete.
- Perdoname, pero ¿cuál es el problema? Si ni lo conocías…¿O me vas a decir que te enamoraste? Cualquiera que te oye se imagina que te creíste la escena de la Laguna Azul con los dos chicos revolcándose en la arena de una isla desierta del Caribe...¡falta que te creas que a tu edad estás embarazada sin saberlo, como Brooke Shields a los catorce!…Vos tenés un pedo en la cabeza,nena…siguió Celia sin piedad.
Cada episodio que contaban confirmaba que a nosotras no hay nada que nos interese más ni nos atrape tanto como vivir intensamente esas historias demenciales, perturbadoras y disparatadas, de finales truncos cien por ciento predictibles, como si fuese una asignatuara sin la cual no se avanza, sin la cual no se llega a ser una mujer con experiencia en la vida(¿Qué carajo será ser una mujer con experiencia en la vida?) sin la cual – digámoslo de una vez - no se disfruta.
Ya era de noche cuando María Elisa anunció timidamente:
- Yo tengo algo para contarles …
Entonces oimos las llaves en la puerta de calle. Era mi marido que después de casi siete horas de ausencia volvía del club a la paz de su hogar y encontraba a su mujer liderando una banda de ocho mujeres exaltadas despatarradas por los sillones y por el piso que no paraban de hablar y de reirse esperando ávidas la confesión de María Elisa.
- ¡ Ay gordo! tengo algo que te va a encantar- le dije inmediatamente saltando de la silla, y como una
geisha le llevé al dormitorio una bandeja con sandwiches, Coca cola y dos pedazos de torta que, precavida, le había guardado sabiendo que seguro llegaría en lo mejor de los relatos y que nadie me perdonaría tener que cortar en ese momento.
- Así te comés estas cositas ricas mientras ves tele y descansás porque nosotras tenemos para un ratito más – le dije mientras cerraba todas las puertas para no molestarlo y, sobre todo, para que no oyese.