estadisticas

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¡¡¡ FELIZ AÑO PARA TODOS !!!



Un beso grande a todos mis amigos de La Boba y lo mejor de lo mejor para cada uno de ustedes. Espero reencontrarlos muy pronto llena de energía y cosas nuevas para contarles (no como ahora que estoy tan cansada que no entiendo de qué me hablan, además de sucia, malhumorada y vehemente, tanto que me han bautizado "Luz Ferrigno" en honor a Lou Ferrigno, el actor de la serie original del INCREIBLE HULK)

¡¡¡¡ Un FELIZ, SUPER FELIZ 2011 LLENO DE LUZ, ALEGRIA, TRABAJO, AVENTURAS, SALUD, AMIGOS Y AMOR !!!!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Susy, secretos del corazón (PARTE 1)





La idea de las fiestas temáticas no tiene nada de novedoso . En realidad es más vieja que el hilo negro pero algo atractivo debe conservar para que no podamos desecharla por pasada de moda y sigamos reciclándola generación tras generación. Yo, lo he dicho muchas veces, no soy una gran adepta a las fiestas porque soy una mujer bastante amarga, pero de vez en cuando me entusiasmo con alguna. Esta vez no sólo llegué a eso, sino que la idea fue mía. Me imaginé una reunión de amigas en la que no nos reuniéramos a hablar de cualquier cosa (lo que finalmente iba a suceder de todas maneras) sino que tratáramos de tener un tema divertido para debatir y pudiéramos llegar preparadas para eso. El invierno es largo y hay que ponerle un poco de onda a las tardes de fin de semana ahora que ya no hay que llevar chicos al pelotero, ni arrastrarnos por el zoológico comiendonos esas galletitas asquerosas que ni ellos ni los monos quieren, ni esperarlos eternamente a que se decidan a salir de de una buena vez, sudorosos y desabrigados, de un cumpleaños infantil mientras hablamos con otras madres paradas en una especie de alfombra de chizitos pisoteados, papas fritas y Fanta. Ya somos mujeres libres - algunas más que otras - y merecemos nuestra fiesta temática para chicas. La mía sería un homenaje al amor, a las aventuras y al romance que tanto nos gustan y que tan lejos estaban para muchas. No pediría que me trajeran ni tortas ni budines ni merengues ni ninguna de esas cosas que a las mujeres nos gusta llevar a nuestras reuniones, llenando las cocinas de paquetitos de comida como si fuéramos a subir al Kon Tiki a dar la vuelta al mundo. Sólo importaba llegar pertrechada de la munición necesaria para animar el encuentro: una , dos o tres jugosas experiencias con el sexo opuesto (o con el propio, lo cual le daría indudablemente un giro inesperado a la tarde) Relatos de experiencias ya digeridas, en lo posible, no fuera caso de que todo terminase en una terapia de grupo (igual iba a serlo) o en un mar de lágrimas.
Me entusiasmé terriblemente con la idea, elegí a las invitadas con cuidado (debía haber solteras, casadas, divorciadas, juntadas, un buen muestrario) planifiqué la comida, y armé unas invitaciones que mandé por Internet para mi evento que, en un homenaje a nuestra juventud llamé “Susy: secretos del corazón” y donde les explicaba el propósito de la reunión y les daba la consigna. En la puerta , una gigantografía del comic que alimentó nuestras fantasías románticas juveniles - y que me había costado como un 0KM – las recibiría confirmandoles que acababan de entrar al mundo que ni Corín Tellado ni Danielle Steel hubieran imaginado mejor. La decoración de la casa también estaba acorde (mi marido, antes de salir quedó azorado con los globos con forma de corazón y las guirnaldas también de corazones de papel metalizado alternados con páginas de la legendaria Susy con las que había decorado el living en un rapto de creatividad adolescente y después de una búsqueda minuciosa de ejemplares casi de colección en librerías de la calle Corrientes )
A las cinco de la tarde empezaron a llegar mis amigas. Noté que la convocartoria había sido atractiva porque para las seis y cuarto ya estaban todas sentadas alrredor de la mesa baja del living hablando como loros. De fondo, para entrar en tema, sonaba un CD de “lentos compilados”de los ´70/´80 que yo misma había sacado de You Tube.
El debate se abrió con un párrafo dedicado a proliferación de las agencias on line para conseguir pareja y de cómo habían cambiado las cosas cuando ya a nadie le parecía una locura usarlas como un método válido y confesable ante la escasez de hombres.
- Las mujeres de las fotos son mucho mejor que los hombres – aseguró Celia que hacía tiempo había llegado a salir con un señor de la página masqueamigos.com al que tuvo que descartar por ser muy avaro.
- ¿Porqué? ¿Ellos son muy impresentables? Preguntó Marcela
- Bueno, hay de todo…tenés que ponerte en la franja de edad que te corresponda…entonces, claro…hay algunas fotos que no entiendo cómo se animan a ponerlas…
- ¿ Cómo qué?
- y…como fotos en slip en la playa…¡ Hay que animarse al slip! ¡tenés que ser Gonzalo Heredia! Sino viejo, ponete la remerita…hay muchos que parece que les gusta salir medio desnudos y no da…
- ¿no da porqué?- Volvió a preguntar Marcela que a esta altura ya me estaba pareciendo un poco tonta
- No da porque si estás gordo, tenés tetas y un montón de pelos en el cuerpo, yo lo miro y pienso: “¿ hace falta?” o “ Gordi, ¿no tenés otra foto para poner?” ¿Vos lo elegirías, Marce?
- No. Yo no saldría jamás con gente de Internet- contestó lapidaria.
- …pero saliste con tu profesor de tenis y casi no lo conocías…
- Bueno, eso es otra cosa…y además terminó como el orto…no saben…un tipo de mierda.
- Perdoname pero era cantado- intervino Silvia
- Yo no me dí cuenta, sino no me hubiera expuesto a pasarla tan mal…es que nos quedamos charlando en la fiesta de Fin de Año que hicieron en el lugar de las canchas de tenis…hacía calor, era una noche divina…había buena música, bastante gente: los alumnos, los profesores…qué se yo. Yo bailé un rato con él y después me fui a tomar algo afuera con un grupo de conocidos y él me mandaba mensajitos románticos al teléfono…
- No quiero interrumpirte - volvió a la carga la terrenal Silvia – pero ¿estás segura de que eran “románticos”?
- No me jodas, para mí eran románticos. Si me equivoqué es otra cosa.Bueno, la cuestión es que…
En el living no volaba una mosca. No se oía una palabra, no se abría una botella ni se masticaba nada porque las bocas quedaban abiertas a medida que la tensión del relato aumentaba
- …SMS va , SMS viene, esa noche nos fuimos a casa y lo pasamos increíble…Yo estaba tan contenta! El se fue temprano al día siguiente porque tenía que dar clases. Yo le mandé un montón de mensajes pero no me contestó. Entonces medio me preocupé y le mandé mails pensando que por ahí el celular no le andaba…
- Eso no pasa más, querida- interrumpió Celia, la tecnológica del grupo.
- y en nuestra siguiente clase mandó a un reemplazante y en la próxima otro y chau! Desapareció …un hijo de puta! No saben lo que lloré!… Ahora, por ahí lo veo de lejos y me saluda con la mano pero nada más. Un sorete.
- Perdoname, pero ¿cuál es el problema? Si ni lo conocías…¿O me vas a decir que te enamoraste? Cualquiera que te oye se imagina que te creíste la escena de la Laguna Azul con los dos chicos revolcándose en la arena de una isla desierta del Caribe...¡falta que te creas que a tu edad estás embarazada sin saberlo, como Brooke Shields a los catorce!…Vos tenés un pedo en la cabeza,nena…siguió Celia sin piedad.
Cada episodio que contaban confirmaba que a nosotras no hay nada que nos interese más ni nos atrape tanto como vivir intensamente esas historias demenciales, perturbadoras y disparatadas, de finales truncos cien por ciento predictibles, como si fuese una asignatuara sin la cual no se avanza, sin la cual no se llega a ser una mujer con experiencia en la vida(¿Qué carajo será ser una mujer con experiencia en la vida?) sin la cual – digámoslo de una vez - no se disfruta.
Ya era de noche cuando María Elisa anunció timidamente:
- Yo tengo algo para contarles …
Entonces oimos las llaves en la puerta de calle. Era mi marido que después de casi siete horas de ausencia volvía del club a la paz de su hogar y encontraba a su mujer liderando una banda de ocho mujeres exaltadas despatarradas por los sillones y por el piso que no paraban de hablar y de reirse esperando ávidas la confesión de María Elisa.
- ¡ Ay gordo! tengo algo que te va a encantar- le dije inmediatamente saltando de la silla, y como una geisha le llevé al dormitorio una bandeja con sandwiches, Coca cola y dos pedazos de torta que, precavida, le había guardado sabiendo que seguro llegaría en lo mejor de los relatos y que nadie me perdonaría tener que cortar en ese momento.
- Así te comés estas cositas ricas mientras ves tele y descansás porque nosotras tenemos para un ratito más – le dije mientras cerraba todas las puertas para no molestarlo y, sobre todo, para que no oyese.

Susy, secretos del corazón (PARTE 2)




- Yo…- empezó a decir María Elisa, la recontra seria Licenciada en Ciencias de la Educación María Elisa Llongeras Castells - tengo una página web para mujeres infieles.
-¡ Tomá tu torta! Le contestó la primera que logró salir de su desconcierto después de un breve y profundo silencio - ¿Y cómo se te ocurrió? Debés tener miles de fans…
- ¡Ni te imaginás cuantas! Y bueno…se me ocurrió por algo que me pasó hace un tiempo, cuando estaba casada con Carlos…
- Uy! Perdoname , pero ya que lo mencionás, qué aparato era Carlos!- le dije. Juro que me salió del alma, no me di cuenta, sino lo hubiera evitado….creo…porque a veces es mejor sincerarse (aunque con lo de “aparato” me quedé corta)
- y…si, es cierto…por eso…
- ¿ Y cómo se llama el la página?
- “ Cuando seas viuda”, www.cuandoseasviuda.com.ar
- ¡ A la mierda!- Exclamó Andrea atragantándose con un triple de miga - ¿ Y porqué?
- es algo que me dijeron hace mucho y me quedó la frase…Si tenemos unos minutos les cuento.
No se oyó un “si”, un “no” ni un “tal vez”. Ocho pares de ojos fijos y expectantes y ocho bocas mudas fueron la respuesta.
- Vivíamos en Santa Fe porque a Carlos lo había mandado el banco. Yo ya no me llevaba muy bien con él …bueno, más o menos…no importa..
- Si, importa bastante, pero bueno, seguí- acotó Trini.
- …la cuestión es que él siempre se quejaba de que yo era muy aburrida porque como no sabía jugar a las cartas nunca podíamos hacer programa con sus amigos timberos. Yo quise sumar unos puntos y darle una alegría…
- viste que taaaan mal no te llevabas…sino ¡qué te vas a poner a aprender algo para darle alegrías! -
- …bueno, me tomé un profesor de brigde que además me iba a enseñar a jugar al poker y a esas cosas que siempre me aburrieron a morir. Lo saqué de una revista de la parroquia y me pareció muy serio por teléfono. Se llamaba Rodolfo, un nombre horrible. Quedamos en que vendría a casa una vez por semana, los jueves. Era otra época, de más seguridad. La cosa es que al jueves siguiente apareció. No saben lo que era: ¡Bárbaro!. Un poco más jóven que yo , canchero, con ojos verdes, quemado. Me dijo que era analista de sistemas y que enseñaba bridge porque su profesión le aburría. Nunca se lo creí…me parece que era un vago que lo único que sabía era jugar a las cartas pero qué me importaba…además vieran como aprendí…Una noche sorprendí a Carlos yendo con él a jugar. Quedó encantado y como es muy competitivo me insitió en que me perfeccionase. En las clases también hablábamos de otras cosas. Ahí me enteré de que le gustaba mucho navegar por el rio y me ofreció llevarme a dar una vuelta en el barco de un amigo: “ El jueves que viene damos una clase fluvial” me había dicho.¡Divino!
Salimos desde un club del centro y navegamos y navegamos, tomamos vino blanco que yo había llevado y comimos sólo unas papas fritas medio húmedas que encontramos allí. Lo pasamos bárbaro: “sexo, pasión y desnudo” como anunciaban las películas de la Coca Sarli. Amor y fantasía a babor y a estribor hasta que se levantó un viento del carajo y decidimos volver. Como empezó a hacer frío quise ponerme el vestido (uno espectacular de flores que me había comprado para esa salida) y no lo podía encontrar…lo buscamos por todas partes y no estaba. Al rato lo vimos de lejos, en el agua…se había volado. Tratamos de alcanzarlo con unos palos, con el bichero, con cualquier cosa pero fue inútil…desapareció.
Llegamos al puerto en muy mal momento…la hora del copetín, cuando era muy posible que me encontrase con algún amigo de Carlos – aunque por suerte muchos no tenía – y yo, sin nada que ponerme, literalmente.
Me puse la camisa de Rodolfo, mis zapatos, me solté el pelo sobre la cara y bajé como si nada, poniéndole bastante actitud, en gran parte, ayudada por el vino.
Ni bien llegué a casa la llamé a mi hermana mayor y se lo conté angustiada. Ella no hizo más que reirse – había resultado medio bandida, según me enteré un tiempo después – tanto que al final terminamos riéndonos juntas y yo le dije:
- La pena es que esto no lo voy a poder contar hasta que sea vieja.
- No- me corrigió, siempre sabia – hasta que seas viuda.
Después vinieron otras cosas, otros profesores, nos divorciamos, me volví a Buenos Aires y siempre me quedó esa frase en la cabeza hasta que un día leyendo una columna de consejos sentimentales en una revista en la peluquería se me ocurrió lo de hacer una página web. Al menos me iba a divertir con lo que me contasen.
- ¿Y lo tenés con tu nombre?¿ que te cuentan?
- Nooo…tengo un nombre de fantasía, es un papelón…me cuentan de todo…yo creo que es casi como un curso de infidelidades on line …aprenden entre ellas y se superan unas a otras.Las mujeres enamoradas somos capaces de cualquier cosa.
- ¡ Qué gracioso me parece - comentó Trini – combinar esto con tu trabajo en el Ministerio de Educación!
- ¡Qué trabajo en el Ministerio de Educación! Hace rato que vivo de esto, tengo miles de avisos, gano el triple, no tengo jefe, y laburo desde donde quiera : ahora soy una empresaria, querida, una gurú del amor oculto. Respondió tan fresca y dio por terminada la reunión porque tenía una cita con Rodolfo que, por cierto, ya no vivía más en Santa Fe.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Buscando mi Destino (si, todavía)



Como casi todo el mundo yo creía que pisando los cincuenta cada uno ya sabe lo que quiere y no sólo eso, que además lo ha logrado. Pero parece que no siempre es así, al menos en mi caso. Y no se si los demás lo saben o no, pero ya no me importa, suficiente con lo mío, gracias. Tener durante meses esa sensación de incomodidad, de estar perdida,de no saber qué deberías estar haciendo hizo que se me volara un poco la peluca (¡y ustedes no saben como me pongo cuando se me vuela un poco la peluca!). Sobre todo cuando uno no sabe bien por dónde empezar, aunque algo vaya sospechando al percatarse, por ejemplo, de que a todas las amigas a las que llama para ir a tomar un café son sicólogas, de que en las librerías se descubre hojeando libros con títulos como “Autoestima y superación” o “¿Qué quiero para mi vida?” o se extasía ante los programas del Canal Infinito (que ya no veo más porque maduré o porque desapareció, pero no me voy a poner a averiguarlo ahora) Fue allí mismo donde una tarde pesqué el final de una emisión en donde una mujer diminuta, con una trenza canosa al costado y mucha sombra celeste en los párpados contaba que estaba poniendo en práctica un novedoso método de orientación vocacional para adultos. Lo primero que pensé con mi mente siempre tan elástica fue: “ ¡Mirá que hay que ser boluda!”, lo segundo : “Bueno, quizá no esté tan mal…” y para lo tercero ya había pasado del pensamiento a la acción y había salido despedida hasta el quiosco de revistas a comprar el último número de Uno Mismo que es el lugar más apropiado para encontrar todas esas ofertas estrafalarias. Y así fue.
“Lic. Alicia Tsurnik: Orientación Vocacional : Jóvenes y adultos. Tests de Kruk. Rebonding”
A la semana siguiente ya estaba en las inmediaciones del Alto Palermo tocando el timbre del consultorio de la Lic. Tsurnik que, por suerte, no era la del Canal Infinito aunque tenía lo suyo: una especie de Cipe Lincovsky con gran melena de rulos colorados, mirada penetrante,cejas gruesas dibujadas sobre la piel y equipo de jogging negro. Yo, decidida a que nos pusiéramos manos a la obra lo más pronto posible, ella, cermoniosa y lenta tomando notas en la agenda, sentada en la única silla que había, frente a un escritorio de un estilo francés inventado, más bien“fantasía del ebanista”.
El consultorio era tal como lo había imaginado (no podía equivocarme porque deambulé por cientos de sicopedagogas llevando al que no quería escribir, al que se olvidaba la tarea y al que invertía los números y pasé infinitas tardes haciendo tiempo en todos los bares de Buenos Aires hasta la hora de retirarlos de esas enriquecedoras experiencias): alfombra de bouclé azul eléctrico, estantes llenos de juguetes didácticos, cortinas de telar sintético en degradé de azules y almohadones por el piso( pareciera que tener el culo en el suelo favorece la memoria, la capacidad de análisis y la comprensión). No voy a negar que me sentía un poco ridícula – y con un tremendo dolor de rótulas - sentada allí, al lado de una pila de Rastis, respondiendo las preguntas de la Lic. Tsurnik, pero mis ganas de descubrir el sentido de mi vida ( nada más y nada menos) me sostenían.
Ella me propuso una batería de tests enfocados a lo que, en mi ignorancia, yo describiría como el área de las humanidades y el de las matemáticas que sonaban bastante completos a diferencia del único test similar al que me había sometido en mi juventud, en el departamento de Orientación Vocacional de la UBA y que donde, supongo para ser expeditivo y arrojar resultados inmediatos, las preguntas eran del tipo: ¿Te gustaría trabajar en el campo? ¿Te sentirías felíz colocando una prótesis dental?¿ Te excitan los expedientes y la vida de Tribunales?
En los del área de expresión verbal y escrita me lucí un poco más y superé las expectativas, para decirlo en lenguaje docente. En el de matemática causé estupor en la profesional que tuvo que investigar si yo no había interpretado las consignas o si, directamente, mi cerebro iba por unos carriles en donde la lógica matemática no había existido nunca. Sólo recuerdo un ejercicio en donde al comienzo del renglón me mostraban un punto y una rayita vertical, luego dos puntos y dos rayitas verticales y yo debía aumentar la serie agregando uno de cada uno de esos elementos hasta terminar el renglón. Empecé bien, pero a la mitad me aburrí y se me ocurrió que esteticamente sería mejor cortar y volver al punto y la raya iniciales y hacer algo que parecía una guarda para cerámicos mucho más bonita, aunque no tuviera nada que ver con lo que me pedían.
Cada miércoles me topaba con un chico de unos dieciséis años que salía de sus sesiones donde trataría seguramente de averiguar lo mismo que yo pero con muchísimo más tiempo por delante.En ese momento yo me sentía bastante miserable y tonta pero había encontrado la manera de remediarlo comiéndome un brownie infernalmente chocolatoso y lleno de nueces que vendían en una dietética justo abajo del consultorio. Dos minutos después la sensación de vergüenza y miseria habían desaparecido sepultadas por la culpa de haber roto el régimen. Así volvía a casa en el colectivo, envuelta en las nieblas de la confusión y de la culpa, una mujer casi al borde de la tercera edad todavía buscando su destino.
Llegué también a vivir momentos de gran sobresalto como el día en que comprobé que esa vez el adolescente no salía solo sino que lo hacía acompañado por sus papá y su mamá que habrían venido a la “devolución” y me invadió un desasosiego inmenso creyendo que yo, que ocultaba todo este episodio de mi vida a mi familia, me vería obligada a someter a mis propios padres a semejante oprobio. O a mi marido …o hasta quizá a mis hijos ya que en este caso todo era al revés de lo usual.
Por suerte la Licenciada Tsurnik se apiadó de mí y sólo trató conmigo los resultados de todo nuestro trabajo.
- Dedíquese a escribir y déjese de perder el tiempo- me dijo con una crudeza sorprendente - Hágalo por el placer de hacerlo. No pretenda ganarse un premio Nobel. Lamento decísrselo pero es tarde. A su edad yo empezaría por algo fácil…¿Porqué no prueba con un Blog? ¿Sabe lo que es un Blog?
En ese momento lo único que mi boicoteante cerebro recordaba era la opinión de José Pablo Feinmann al respecto:
“ Cualquier boludo escribe un blog” ¡Justo de eso me fui a acordar! ¡Yo que jamás leo ni oigo a José Pablo Feinmann! ¡Se puede ser tan busca mierda!¿Porqué no pensar en los buenos blogs que conocía? ¿Por qué no proponer algo divertido, al menos para mí…y quizá resultara también para los otros?
Traté de volver a mi centro antes de desquiciarme de pánico, respiré profundo y con cara de “¡Qué interesante lo que acaba de decirme!” le dije que me parecía una gran idea y saqué la billetera para pagarle y salir corriendo.
- No,no, no…todavía nos queda una entrevista. Abra el blog, escriba algo y mándemelo. Después venga.
Me dieron ganas de matarla pero no podía. Además en la última sesión iba a darme el recibo para el reintegro de la Obra Social y no quería sentir que además de seguir confundida había tirado toda esa guita a la basura.
En el viaje de vuelta a casa me puse a pensar un nombre para el famoso blog.
Escribí varias ideas en una hoja de la agenda. En realidad hubo varios que me parecieron buenos, pero el que más me gustó fue La Boba se Murió.