
Admiro y agradezco tanta tarea, tanta marcha y barricada, tanta lucha de mujeres de todo el planeta para lograr que se nos escuche y que se nos respete. Vivo en una sociedad mejor gracias a ellas y lo disfruto, pero a veces en la calle me encuentro con especímenes que les arruinan todo el trabajo.
- Es que todavía queda bastante trecho por andar…- me dice mi amiga militante feminista.
- No es a eso a lo que me refiero – le contesto – Es a las que no tienen remedio….a las que habría que ocultar en una cueva…a las que hacen todo lo posible por hacernos quedar como unas boludas irredentas…
- Pero de esas quedan pocas.
- No tan pocas, no te creas…me encontré con una hace un rato en la esquina de Zapiola y Pampa y lo que te digo es absolutamente cierto, nada de fantasías de mi parte.
Eran más o menos las dos de la tarde cuando un auto estacionó burscamente y una mujer de unos sesenta años asomó la cabeza por la ventanilla con, como diría la crónica policial, “evidentes signos de alteración” y se dirigió a mí.
- ¿ Esto es Pampa y Zapiola?
- Si
- ¿Acá no hay un colegio?
- Acá, acá, no. (“ahí, ahí” eran cuatro esquinas que de colegio no tenían ni un solo rastro y no había que ser un detective para darse cuenta)
- Es que mi nuera me mandó a traer al chico al colegio y me dijo que estaba en Pampa y Zapiola…¿Y por acá no hay alguno?- me dijo mientras en el asiento de atrás un chico de unos cuatro años saltaba y saltaba como un poseído.
- por acá hay miles – le contesté lacónica porque ya me estaba dando rabia (si alguien sabe a qué territorio me refiero sabrá que la tasa de colegios del barrio es más o menos de uno por metro cuadrado) …¿Pero cómo se llama el colegio?- le pregunté - ¿ No será el Maximiliano Kolbe? – agregué tratando de dar una mano y terminar con el episodio.
- ¡ni idea! Contestó al abuela con cara de desesperada.
- ¡leele la remera! - atiné a decirle viendo que al pobre chico lo iban a dejar en cualquier parte y vaya a saber cómo lo iban a encontrar para retirarlo. En la remera del equipito de gimnasia flamante se leía perfectamente el nombre del colegio. Le indiqué que estaba a menos de dos cuadras y la señora salió con su nieto a depositarlo en la salita que le correspondiese o en otra, quién sabe.
Todo el camino de vuelta a casa me lo pasé pensando en la pena que me daba ese niño que, al parecer, no le importaba a nadie. ¿ Cómo la madre no le dio a la abuela la dirección, el nombre del colegio, de la maestra, de la directora, el teléfono y hasta una contarseña para no dejar a su tesoro en las manos equivocadas? ¿ Nadie en la familia habló del colegio al que iría esa pobre criatura cuando es tema constante ( y hartante) en cualquier casa la elección del establecimiento para nuestros párvulos? ¿Puede una señora de seis décadas salir en semejante misión y no saber a dónde va? ¿Cómo sobrevivió hasta esa edad? ¡Dios mío! …Y después nos sorprendemos y nos ofendemos cuando nos imitan como si fuéramos todas así…
Por eso en este día no voy a felicitar a tontas y a locas, voy a felicitar sólo a algunas mujeres (que igual son muchas): a las valiosas, a las que admiramos por cosas grandes o pequeñas y a las que son un orgullo y un ejemplo porque ellas sí saben a dónde van.


Hoy descubrí tu blog y me encantó!! Este post sobre la abuela despistada es genial y tan real! Hay mujeres que no sé como sobreviven! Será porque tienen marido! Pobre familia...buenas para nada. Te seguire.....
ResponderSuprimirSi !!!, tienen marido que las mantienen como reinas !!, ¿ es rarísimo, no ?. Uno que ha sido amada, cuidada pero siempre "autosuficiente ", laburante crónica pero felíz. Por suerte me tocó este lado y no el de la pobre "boluda total". Uipiiiiiii !!!
ResponderSuprimir