Si, ha llegado el momento de reconocerlo publicamente: una vez quise ser policía. Así nomás se los digo. Y lo hago ahora porque no quiero que la memoria, gran traicionera, me haga olvidar esa experiencia y, sobre todo, me prive de contárselas.
Yo tenía veintidos años y, a decir verdad, ya había hecho suficientes cagadas cuando decidí que era hora de conseguir un empleo y sentar cabeza. (en realidad lo que quería conseguir, antes que empleo, era novio, pero eso era casi más difícil dadas, para variar, las características tan contardictorias que buscaba en la misma persona: un demente temerario y aventurero que además tuviera ganas de casarse y tener hijitos conmigo) Puse así todas mis fichas en la búsquda del trabajo que me diera, al menos, independencia económica. Agotados los contactos familiares que no eran muchos, desayunaba diariamente frente a los clasificados de Clarín: “ Viáticos y comisiones” …“ Viáticos y comisiones”… “Viáticos y comisiones”… Yo no quería viáticos y comisiones que eran sinónimos de perder el tiempo, de “tarbajá como una mula y no te toca un mango”, yo quería un sueldo fijo y un trabajo que me ocupara el día. No me acuerdo porqué me resultaba tan difícil encontralo pero sí recuerdo esa época como un día gris eterno y desanimante que transcurría sin ganas, conmigo tirada frente a la pantalla de la televisión. Pero fue de ahí, justamente, de donde saqué una posible solución práctica a mi problema. Algo inesperado y extravagante que mi familia oyó con horror, creyendo que me había enloquecido por completo.
- Me voy a anotar en la escuela de Policía y listo - anuncié una noche – soy argentina nativa, mido más de 1,60 m, entre diecinueve y treinta y cinco años y el ciclo básico aprobado. Al menos la primera parte la apruebo - agregué con un entusiasmo más inventado que otra cosa.
Se hizo un silencio de muerte. No se oía ni el tintineo de los cubiertos, y eso que mi familia siempre fue bastante torpe a la hora de comer.
- ¿No les parece una buena idea? Hago el curso de aspirante,egreso y tengo trabajo – expliqué esperando alguna aprobación.
Mi padres se miraron un instante y siguieron con el guiso de lentejas sin decir una palabra. No hacía falta.
- ¿ vos vas a hacer kartate , judo y toda esa gimnasia que sale en el aviso de la tele? ¡Si no corrés ni el 113! – dijo mi hermano
- Si, yo voy a aprender artes marciales…¿qué? ¿No puedo?...y después te voy a cagar a patadas…y a tiros…que también voy a saber.
Él, que tenía tarbajo…(y novia), no paraba de reirse sin entender mi deseperación hasta que me hizo estallar en llanto y levantarme de la mesa gritándole como una desquiciada
- ¡Conseguime laburo vos, boludo, entonces!¿ Qué te creés, que me gusta ser policía?¿Que me divierte andar con esos perros enormes? ¿Qué me gusta ir a 200km /h de contramano en el patrullero?¿Que me encanta hacerme una trenza y ponerme ese uniforme?
- ¡A vos no te toman ni en la policía, nena! A vos te internan en el Churruca , por loca de mierda! Me contestó y dando un portazo salió de casa entre los “basta, dejá tranquila a la chica”, los “dejalo que no te entiende” y” basta Lucita, calmate,nena” del sainete napolitano que se había armado .
Corrí a mi cuarto y allí me tiré en la cama mirando el techo como una momia, con las lágrimas que me caían para los costados y se me metían en las orejas.
- No les hagas caso – se acercó mi hermana (que también tenía trabajo, y novio , pero era decididamente más comprensiva) – yo creo que no es un trabajo para vos…es un poco violento…
- Pero puedo ser como detective… - me defendí.
- no se…no te veo, hay que estar viendo muertos…no es muy tu onda…además tenés que ponerte esos zapatos tan feos, como de hombre…vos que estás siempre con esos taquitos…
Fue la única frase atinada, la única capaz de hacerme reflexionar, “esos zapatos como de hombre”…Yo no quería eso…¡qué novio iba a conseguir con esos zapatos de hombre!¿quién me iba a mirar vestida de azul, armada y con borceguíes? Una cosa era no tener trabajo y otra tenerlo pero andar vestida de hombre …No, de ninguna manera.Tenía razón mi hermana. Lo descubrí esa noche: La coquetería era incompatible con la Fuerza. La Federal, aunque no lo supiera, acababa de perderse a una de sus mejores agentes.


Me encanta! Me encanta como percibes y describes el pensamiento de una mujer, de muchas mujeres. Pero, ir a 200 a contramano debe ser una gozada!
ResponderSuprimir