estadisticas

sábado, 7 de mayo de 2011

"Cinturita de pollo" (¡las cosas que hay que oír!)



Que tu ex novios sean señores pelados, con anteojos y panza es algo que no sorprende a ninguna mujer de más de cuarenta y cinco años,y que casi no le importa, pero que la flaca morocha, de profunda mirada oscura pero flojita de delantera sea hoy una señora rellena, rubia, tetona y de ojos verdes no es tan fácil de imaginar, aunque sea mucho más habitual de lo que parece.
Gabriela Cevasco trabajaba conmigo en una agencia de publicidad. Los tiempos eran difíciles y las horas muertas en el departamento de Cuentas se hacían intolerables sin que existieran correos electrónicos ni Twitter, ni Facebook con que perder el tiempo.
Un martes, Germán Palmadés Castro, nuestro ambicioso jefe apareció como una tromba en la oficina que compartíamos con Gabriela.
- Gabi, el jueves tenés que ir a ver al Sr. Calviño que es el gerente de Cristales Delta porque quiere hacer unas gráficas para via pública…te dejo el teléfono y arreglá con la secretaria. Hay que venderles algo, gorda, lo que venga, aunque sea tu cuerpo – le dijo tirándole unas tarjetas sobre el escritorio.
Gabriela, que me llevaba como diez años, tendría unos cincuenta. Era divorciada y vivía con sus hijos varones, dos vagos que ya estaban en edad de irse pero no daban ni señales de pensar hacerlo.
- Calviño…- dijo ella pensativa – yo estaba muy enamorada de Eduardito Calviño …íbamos al mismo club…¡Cómo me gustaba!- y se estiró para alcanzar las tarjetas que le había dejado Germán antes de que se mojaran con el resto de unos cafés que se nos habían chorreado sobre la mesa. “Eduardo C. Calviño. Cristales Delta S.R.L . Socio Gerente” leyó.
- ¡Ay Dios mío! ¿Y si es él? ¿Cómo lo averiguo? Tengo que saber…porque eso cambia totalmente lo que me vaya a poner para esa entrevista.
El tema no podía ser más apropiado para dar vida a una tarde de tedio en una empresa se acercaba día a día a la más inevitable de las lonas.
- Tiene que ser él…tiene que ser él…- repetía - mirá, la fábrica está en Olivos y él era de La Lucila…se debe haber quedado en el barrio…si, debe ser él…¿qué dirá cuando me reconozca? Porque acordarse se tiene que acordar, íbamos a las fiestas , teníamos el mismo grupo…¿cómo estará? tengo que aparecer espectacular…qué pena que esto no fue el mes pasado que había adelgazado tanto para el casamiento de mi sobrino…bueno, tan mal no estoy…
- Pero, ¿cuánto hace que no lo ves? – pregunté
- Y …como treinta años…
- ¿Y te parece que se acordará? Recuerdo que pregunté sobresaltada.
- ¡Pero si, claro! Si nos veíamos todo el tiempo…y yo lo perseguía un poco cuando cortó con su novia…pero después se casaron y no los vi más.Ella era una de esas pelirrojas claritas, lavadas, pecosa y blanca, sabés…no se qué le vería… Entonces me voy a hacer los reflejos mañana, en vez de esperar a la semana que viene- agregó tocándose el pelo y mirándose en la ventana que le servía de espejo.
El día siguiente lo dedicamos casi por completo a decidir cuales eran el maquillaje y el equipo ideales para usar en la reunión, sin olvidar algunos datos de la parte comercial que tenía que ofrecerle al Sr. Calviño, que para eso iba.
- Anoche estuve como dos horas probándome y probándome. Me voy a poner unos pantalones negros y una remerita nueva color manteca.
- ¿De qué es la remera? – dije alarmada porque para mí la palabra “remerita” indica pequeñez y el volúmen de mi amiga no estaba para pequeñeces.
- De algodón y lycra o algo así,bien ajustadita, con escote bote.
No pude contestar. El escote bote es muy peligroso y combina muy mal con los hombros caídos, y para Lycra no me parecía que estuviera, aunque haya mujeres a las que les gusta apretarse porque no entienden la diferencia entre lucir sexy con ropa al cuerpo y parecer un matambre, y Gabriela era una de ellas.
- Tomá, entonces llevate esto - le dije sacándome el collar de piedras negras y falso marfil que tenía puesto – te va a quedar perfecto.
Me agradeció y se lo puso en ese mismo momento. En el camino a casa pensé mucho en ella y en su aspecto para entrevista del día siguiente (de la cual dependíamos un poco todos los de la agencia) Al final dejé de preocuparme tanto: si las mujeres habíamos sobrevivido a la manga murciélago, a las hombreras de los´80 y a los batidos de los ´60 no veía porqué no iba a estar bien con el equipo que me describía. Lo único preocupante – y que no tenía arreglo posible – era la circunsferencia de la que Gabriela había logrado hacerse en los últimos meses, sobre todo, alrrededor de la cintura por más que ella no quisiera verlo. Se había ido de vacaciones como un pequeño cilindro de un metro cincuenta y había vuelto como un trompo de la misma altura.
El jueves me desvelé temprano, nerviosa, seguramente – el espíritu romántico no muere jamás – por la suerte que correría Gabriela en esa mañana digna de Misión Imposible: manejando como pudiera la ilusión y los nervios de encontrarse con su viejo amor, debería seducirlo y, encima,realizar la venta que salvara a Palmadés Castro y Asociados - y a todos sus empleados, que en realidad éramos tres -de la quiebra. No me hubiera gustado estar en sus zapatos.
Ella apareció pasado el mediodía. Me alegré de que Germán no estuviera y de que al cadete lo hubiéramos mandado a hacer una cola en Rentas lo que aseguraba dos o tres horas de paz. Estaba deshecha. Le hice café y le convidé unas facturas un poco secas del día anterior.
- Mirá – me dijo para empezar su relato- no se ni por dónde empezar- Y empezó por sacarse el saco y un horroroso cinturón simil cocodrilo anchísimo y tirar todo en una silla-
- Fue un espanto…un espanto…- dame uno de esos cañoncitos …no, de esos no, de los de pastelera – agregó revolviendo en la bandeja de cartón – No sabés…
- dale contame antes de que llegue Germán . ¿Era él?
- Si, era. Y la secretaria era ella, la mujer, con esa cara de boluda de siempre.
De la parte comercial no me atreví ni a preguntar porque ver a esa mujer destrozada me partía el alma.
- ¿Pero qué pasó? ¿lo viste?
- Si, lo vi. Estuvimos hablando en esa fábrica que es un galpón asqueroso y deprimente…tanto que hasta me alegré de no haberme casado con él que sería un perdedor…
- ¿Tan mal estaba?
- ¡No! ¡Qué mal! Estaba bárbaro y el galpón inmundo por fuera, tiene unas oficinas alucinantes, modernísmas, llenas de televisores y de muebles increíbles.
-¿Te reconoció?
- ¿Querés creer que no? Eso fue lo peor, me miraba con cara de conocerme pero no me dijo nada…yo me dí cuenta…pero no me animé a decírselo…no estaba nada simpático…claro, la colorada entraba todo el tiempo y le decía Sr. Calviño esto, Sr. Calviño aquello…mirá si será pelotuda! Si ella también me conocía…La cuestión es que no me dejaron explicarle nuestra idea de campaña, ni nuestro plan de medios ni nada. Me la hiceron bien cortita. Yo soy buena para vender, vos sabés, pero ahí ya me estaba deprimiendo, también soy medio ingenua y me había ilusionado un poco, qué se yo,…hubiera querido que al menos me reconociera y me dijera que estaba linda…
- Bueno, será un boludo pero igual a lo mejor lo pensó – le dije tratando de sonar convincente aunque no podía creer cómo se había ocurido ponerse ese cinturón para resaltarle justo lo que tenía que ocultar.
- No, ni lo pensó ni le pareció ni nada…y encima tuve que oirlo
- ¿Pero qué te dijo?
- A mí nada pero como me olvidé una bolsa en la recepción, volví a buscarla y él estaba en su oficina con la colorada. No me vieron y los escuché. Ella le dijo que “la de Palmadés Castro le resultaba una cara conocida" y él ¿sabés qué le contestó?
- ……
- ¿quién “Cinturita de pollo”? Nunca la ví en mi vida.¡Imaginate lo que fue oír eso!…me quería morir…salí volando para que no me vieran…¿me das más café, por favor? Y dame ese vigilante, vos ya te comiste el otro. Estoy hecha mierda…hijo de puta…”cinturita de pollo”…¿a vos te parece? “cinturita de pollo”, yo.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada