Un hombre viejo entró al bar y se sentó en la mesa de al lado.
- Voy a esperar – le dijo al mozo.
Momentos después llegó su amigo. Con dificultad se sentó frente a él, apoyó un diario que traía doblado y empezaron a hablar de la vida pasada.
El mozo se acercó otra vez. Pidieron dos lágrimas. La elección me pareció que no podía ser más acertada.


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