
Puedo asegurar que, durante las vacaciones, después de cinco días seguidos de lluvia uno descubre que las ideas y la inventiva aplicadas al entretenimiento se ha agotado. Ya hemos terminado casi el stock de literatura que llevamos para la quincena, hemos jugado al truco, a la batalla naval, al Scrabble y a la generala; hemos alquilado películas y hecho pizzas caseras, hemos tomado café en todos los bares atestados de veraneantes con peligrosos pisos mojados por los paraguas y llenos de arena de las zapatillas, hemos dado vueltas en auto y tomado copetines eternos y vinos y tragos de todo tipo y hasta hemos comprado algunos libros en esos saldos de colecciones, clásicos que creemos que deberíamos haber leído pero ni siquiera en medio de ese desamparo costero de viento y de lluvia nos animamos a abordar y preferimos seguir con el Horóscopo Chino de Ludovica Squirru.
Las convesaciones con los amigos que siempre nos acompañan han tocado todos los tópicos y empiezan a repetirse. Las charlas siguen, sin encontrar una sola postura cómoda en esos livings desangelados, de mueblecitos de caña con pocos almohadones y comedores de estilos dudosos de las casas baratas que alquilamos en la costa. Buscamos con voluntad y seguimos sacando temas de la galera para compartir el tiempo.
- ¿Qué te gustaría ser en tu próxima vida?- fue la frase consigna de esa interminable tarde, a la que se sumaron,inevitablemente, otras del mismo tenor como¿En qué época de la historia te hubiera gustado vivir? o ¿A qué personaje famoso te hubiera gustado conocer? y cosas por el estilo.
- Yo quiero ser una artista promiscua – contesté como si no dudara de que existieran próximas reencarnaciones y sin saber muy bien porqué remontándome a la época del Bloomsbury Group (en realidad, sabiéndolo, porque habíamos mirado Carrington en la tele la noche anterior) y pensando en una reedición de algo parecido.
Hasta yo me sorprendí con mi elección de una vida de libertad y de excesos,de un lugar donde se mezclaran la creatividad, el esnobismo y el desenfado de un grupo de ingleses simpáticos – perdón, pero los ingleses siempre me cayeron simpáticos, hagan lo que hagan - medio depravados y ciclotímicos con sus pasiones desbordadas, envidias y talentos y su escasa noción de futuro. Poesía, filosofía y plástica…literatura y teatro…ideas impracticables...imaginación...sobresaltos...
- …tan seriecita que parecías… alguien dijo.
- ¿ y qué querés que elija?- contesté bajando subitamente a la Tierra - ¿trabajar en la Mesa de Entradas de Rentas de la Provincia de Buenos Aires? ? Al final, ustedes no hicieron otra cosa que me preguntarme por una fantasía…y yo acabo de contestarles – respondí y los dejé discutiendo acerca de mí o de ellos, no me acuerdo.
Seguí en lo mío y pensé que a pesar de mi aparente vida sensata y doméstica finalmente había alcanzado un cierto grado de promiscuidad (que no valía la pena ni mencionar) basada, sobre todo, en la confusión de roles: de tener un solo marido y tres hijos varones y después de que ellos se hubieran independizado, había pasado a conservar el marido original y a tener, además, algo semejante a tres “maridoides” que me acosaban por teléfono, por mail o personalmente con frases llenas de “llevame”, “traeme”, “conseguime” que no tenía nada que ver con lo que yo había imaginado como una excitante posibilidad para una vida futura y que, tratándose, encima, de mis propios hijos, no era otra cosa que una especie de “poliandría casta” que debe ser una de las peores elecciones que se puedan hacer y que, desde ya , desaconsejo vivamente con absoluto conocimiento de causa.


Me quedé con ganas de más. Es como si hubieras cortado de repente tus pensamientos, como si hubiera salido el sol después de la lluvia de 5 días.
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