estadisticas

domingo, 12 de junio de 2011

Viaje de placer



Era diciembre en Buenos Aires y ya todo el mundo estaba terminando de orgnizar sus vacaciones.Ellas, como mujeres “superadas” se reían de una amiga que se había entusiasmado con unas vacaciones en las Sierras de Córdoba a las que la había invitado un compañero de trabajo o algo parecido( no pude evitar oirlas porque estaban el la mesa de atrás) Les parecía poco, un programa despreciable, casi ofensivo para gente de su nivel. Luego, inevitablemente, empezaron a rememorar las popias, sus propias vacaciones románticas, aquello que, según palabras de una de ellas, eran los verdaderos viajes de placer.
Yo, que ya había salido de la oficina, me dejé llevar por una de las actividades que más me gustan en la vida: escuchar lo que habla la gente que está a mi alrrededor.
Eran tres (las miré dándome vuelta mientras simulaba buscar algo) Todas rubias con claritos , aros y anillos de oro, las uñas rojas y ropa de Zara (bastante buena obsevación para una mirada tan rápida) Mujeres promedio, ni lindas ni feas. Mujeres estándar, con todo lo que eso implica.
- Lo máximo que soporté como experiencia con la naturaleza fue acompañar al gallego a hacer “senderismo” como le dicen ellos a caminar como un boludo con un palo como un bastón en medio de unas sierras y unos arroyos. El programa me parecía una verdadera idiotez pero él me regaló el pasaje y hasta unos zapatos como ortopédicos para que lo acompañase. Después, en compensación me llevaría Mallorca, a un cinco estrellas.
Antes de que alguna la inetrrumpiese para opinar, la senderista, se sinceró y explicó:
- En realidad fue todo un fracaso, ni me pregunten: el gallego no me gustaba, en la última caminata nos agarró la lluvia y me enfrié hasta los huesos. Conclusión: en el Meliá de Mar ,yo tenía como 39°C , el pelo sucio pegado a la frente con la transpiración y con los chuchos me dieron hasta ganas de vomitar. Quedé dos días hecha un bollo en la cama tomando Sprite a sorbitos que yo misma me traía del frigobar, porque él ni se acercaba de miedo a contagiarse. Ni bien me mejoré ya era la fecha de volver al trabajo así que tuve que tomar uno de esos aviones repletos de argentinos desubicados que viajan vestidos de la estación en la que salen y no con algo acorde a la que van a llegar, que no paran de contarles todo su viaje al primer desconocido que hace la fila para embarcar con ellos o que a pesar de haber pasado veinte días viajando por Europa y ya les hablan de “tú” y de “maleta” a los españoles como si hubieran descubierto que sabían otro idioma.
- Yo- dijo una que ni siquiera había abierto la boca hasta ese momento – como soy una romántica empedernida, soñaba con un crucero de lujo…paseos en cubierta, fiestas todas las noches, vestidos, smoking blanco, orquestas…no se…será que siempre me gustaron los romances a bordo que veía en las películas del canal Volver…
- Perdón , querida, pero vos venís atrasando como sesenta años!- le contestaron con bastante criterio – vos querías a Humphrey Bogart…
- Si, bueno, cada una quiere lo que quiere…me enamoré de un brasilero..
- ¡Lo tenías bien guardado…guacha!…ahora tenés que contarnos…
A esa altura yo hubiera pagado mi cuenta y me hubiera ido a sentar a su mesa para oír mejor y para partcipar de tanta aventura, pero me tuve que conformar con pedir otro café y de paso, que bajaran un poco el volúmen del la televisión mientras me hacía la que trabajaba.
- El brasilero era agente de viajes y estaba allí invitado por la compañía de cruceros, era muy simpático y, por suerte, hablaba muy bien español porque yo con los idiomas soy malísima y eso es un gran punto en contra para conocer gente en ese tipo de viajes…Para que vean, él tenía una especie de smoking , un saco con corbata de moño que se puso para la primera fiesta…
- saco blanco y moño- dijo una – bastante bien…de entrada el brazuca puso toda la carne al asador…
- si, pero era verde…el saco… - y haciendo una pausa agregó - …era brasilero.
- Bueno, no importa , vos te enamoraste…
- Si…creo que me apuré un poco…pero era un crucero de seis días a Santos…si no me apuraba me quedaba sin novio. Encima él era Paulista y se bajaba en Santos. Se llamaba Getulio o Demetrio…nunca entendí bien…
- ¿Y qué tal estaba?
- …y… bueno…era un poco bajo…yo le llevaba como una cabeza y media (cuando dijo eso yo ya me dí cuenta cuál de ellas era la que hablaba porque me acordé de que había una visiblemente más alta que las otras dos) – pero como mi abuela siempre decía “en la cama no hay alturas” me pareció que todo estaba bien…pero mi abuela no debía haber tenido muy claro lo que decía porque si bien en la cama no habrá alturas, en las cubiertas si hay y el era un gnomo que cuando me ví reflejada en un ventanal al lado suyo me pareció que lo mío era un abuso como para llevarme presa…hasta llegué a preguntarme si no me habrá tenido un poco de miedo…Por suerte para los dos se bajó al tercer día y yo aproveché para ponerme al día con toda la comida de la que me había venido privando para no tener panza. Llegue a BsAs indigestada, con cuatro kilos más…
- y con tu romance a bordo cumplido…contestó la tercera que todavía no había revelado ninguno de sus viajes de placer, que hasta el momento, me parecían deprimentes.
- Yo, en cambio, me parece que les mato el punto a las dos – dijo - porque pasé una semana inovidable con Daniel Formenti…¿se acuerdan?
- ¿el de los caballos de carrera? Preguntó una voz que me pareció la de la grandota.
- Si, ese…¿saben a dónde me llevó? Al Club Med de Trancoso …¡de morirse!
Si, no me cabía ninguna duda: el programa era de morirse. ¿Querés matarme?:llevame a esos Club Med o lo que sea de lo que no se puede salir, donde tenés que hacer todo allí adentro, alternar con ese tipo de gente de la que siempre tratás de escaparte, ir a las clases de aquagym , aprender a hacerte un pareo de batik y a bailar la lambada!!! Me mato ahí mismo con el machete de abrir los cocos del bar!!! Me quedo en una planta baja oscura y húmeda del Once antes que ir a ese programa de alegrías forzadas y aventuras previsibles.
Lentamente me fui dando cuenta de que yo no hubiera podido nunca ser amiga de esas tres mujeres, que por suerte podía dejarlas hablando de sus “programones” sin siquiera saludarlas mientras me escapaba a la calle, yo, que como idea de viaje de placer no podía sino recordar unas vacaciones en Brasil con uno de esos novios desastre, a los veinte años, en la cabaña que le habíamos alquilado al pobre Edilson, un pescador borracho y simpático (y muy sucio) que nos la había alquilado por un mes y terminó compartiéndola con nosotros otro más, sin cobrarnos nada, demostrándonos que si alguien en este mundo entendía de qué se trataba un viaje de placer era él.

1 comentarios:

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