estadisticas

viernes, 30 de diciembre de 2011

Buenas y Locas


A medida que nos ponemos mayores (tampoco tanto, no piensen que es necesario llegar al andador y a los pañales geriátricos…) vamos descubriendo como una serie de cosas empiezan a cambiar a nuestro alrrededor. Mucho ha pasado y no en vano .
Hay cambios físico, psíquicos, de gustos, de hábitos, y del tipo que se les ocurra. Los hay que nos sorprenden gratamente o también que se ciernen sobre nuestras desconcertadas familias como una amenaza potencial.
Pero el cambio más significativo y el que mejor expresa estas modificaciones está , sin duda , en el área del elenco de amigas. Si, porque las mujeres tenemos esa capacidad innata de poder seguir haciéndonos amigas de otras personas no importa cuándo ni dónde y establecer lazos profundos y verdaderos en muy poco tiempo, lo que a muchos hombres les resultaría una tarea no sólo aterradora y pesada sino también carente de sentido.
Algo nos ha sucedido que esa amiga buena y tonta que conservábamos desde la juventud empieza a aburrirnos y nos damos cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, de que cuando ella habla nosotras estamos pensando en otra cosa.
La simpática pero conflictiva mujer a quien todo lo raro y lo malo le sucedía también empieza a parecernos un plomo y cuando volvemos a casa después de haber oído sus aventuras / desventuras durante tres horas seguidas,con el intestino destrozado por litros de café y sin haber podido deslizar ni un sola palabra acerca de nuestra propia vida, tan poco excitante para ella, nos asalta la inequívoca sensación de haber estado perdiendo el tiempo.
Nos hemos vuelto intolerantes, entre otras cosas . Es que al menos ya sabemos lo que no nos gusta.
Tampoco nos convencen las personas malas , que alguna vez se nos ocurrieron divertidas. Enseguida detectamos a las egoístas , envidiosas, metidas, conventilleras , etc. Esas que a apoco de oírlas nos llevan a pensar con lucidez meridiana la clásica y contundente frase “ esta mina es una yegua” y dar vuelta la página tan frescas, borrándola de un plumazo de nuestras agendas y de nuestras vidas.
Hemos perdido la paciencia. Hemos aprendido a separar lo necesario de lo accesorio. Somos más viejas y un poco más sabias. Tenemos menos pudores pero hemos ganado en intensidad y hay un buen grupo de mujeres que queda en nuestro corazón y lo hace feliz. Además de las amadas de toda la vida, esas incondicionales hermanas a las que nada ni nadie hará bajar de sus lugares de privilegio, están las otras, las nuevas. Esperamos los encuentros con ellas, nos reímos a carcajadas festejando sus ocurrencias o se nos llenan los ojos de lágrimas si las vemos sufrir y hasta nos damos el gusto de hecerlo todo al mismo tiempo...entre nosotras nos entendemos. Vibramos en la misma sintonía, nos divierten sus “locuras” y a ellas las nuestras. Respetamos que hayan cambiado la ingeniería por la astrología, la obstetricia por el teatro experimental o la terapia de vidas pasadas, que se hayan hecho chamanas de una religión precolombina, que sean vegetarianas o ninfómanas, que solamente se vistan de naranja , que desayunen con tequila o que estén planeando dar la vuelta al mundo solas a lomo de mula. Toda esa variedad trae vida a nuestra vida, nos renueva, nos lleva por caminos que quizá antes no hubiéramos transitado y que hacen que después de estar juntas volvamos a casa con algo más en el alma.
Por eso ahora, después de mucho tiempo, vamos tachando alegremente de las listas a las "buenas y tontas", "simpáticas y complicadas", así como a las "metidas y necias" o "interesadas y falsas" para descubrir con alegría que no tenemos menos amigas sino otras y mejores , de las que muy posiblemente nuestros maridos e hijos opinen que están como para internar pero que conformarán una nueva categoría que nos llegue al corazón : la de las "buenas y locas"...